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La primera noche en Moncloa, temiendo fuera un campo salvaje, dormí en el cuarto del sótano del 5, era el único en ese cuarto triple y corrí la mesa de estudiuo y puse encima de ella todas las sillas para evitar ser sujeto de una asalto. Así fue durante una semana, pero luego de una semana y de haberme compenetrado con el seminario de historia medieval de nuestro querido subdirector, hoy Don Álvaro Fernández de Córdoba, pude comprobar que los salvajes eran los de otros vecindarios. En Moncloa encontré verdaderos y duraderos amigos; de los 85 del momento, creo que sólo diez a lo sumo no tuvieron que ver conmigo para nada, ni con nadie más del colegio, pues eran los llamados fantasmas. Tres semanas después de mi llegada pude heredar un cuarto sencillo, mis vecinos José Carlos, Larry Larrea y J.M. Grau fueron estupendos. Desde mi ventana pude apreciar a varios del clan pijo escapar por la barda después de entrar al Colegio con cara de angelitos y decirle a Javier Sánchez Cañizares, hoy don Javi, que estaban fundidos. Qué alma tan inocente, por eso haoy es sacerdote; pues Javi: Se te escapaban apenas cerrabas con tres llaves la puerta. Creo que podría llenar páginas enteras con testimonios, pues todo se lo relataba a mis padres en un conjunto de cartas que sumaban más de 500 páginas. Lo más significativo fue el recibir el día de mi regreso, un libro con el mensaje y firmas de todos los residentes, junto a una foto de nuestro querido Nacho Vicens en un encuentro de esgrima. Con lo cual, puedo decir que Moncloa me dejó "touché". Hernán Olano Becario de Honor residente 1995 - 1996 |