JMJ 2016 en Cracovia

JMJ 2016 en Cracovia

Un bonito camino, así podríamos llamar nuestra experiencia en la JMJ 2016. Nos subimos en el bus camino de París, para no abandonarlo hasta la llegada once días después. Visitando la Torre Eiffel y los Campos Elíseos pasamos gran parte del segundo día, tras una meditación que infundía valentía para cambiar, para ser la verdadera juventud del Papa. A la mañana siguiente partíamos hacia Praga, una de las ciudades más bonitas que haya visto nunca; allí pasamos dos días.

En nuestra estancia en la capital de Chequia, pudimos ver las primeras señales de la que iba a ser la mayor congregación de jóvenes del mundo. Salimos hacia Cracovia a mitad del día, exhaustos ya por la caminata que conlleva una visita turística. Ya en el bus, la gente cayó rendida en sus asientos. Al despertarnos, el paisaje había cambiado aún más, estábamos llegando a Polonia. Lloviendo fuimos recibidos en las cabañas a la orilla de un lago que, aunque tuvieran menos camas que huéspedes, tenían un aire acogedor y hogareño.

Primer día con el Papa, singular vivencia que costará olvidar aunque con palabras siempre sea difícil de explicar. Nos levantamos pronto para ir al via crucis, una increíble experiencia tanto piadosa como artística, mostrada en la representación de las diferentes estaciones de penitencia. Al acabar volvimos a las mismas cabañas, donde nos esperaba un plato de paella recién preparada por nuestros compañeros valencianos, que nos daba fuerzas para la peregrinación del siguiente día. Al día siguiente, a media tarde, llegamos al Campus de Misericordia, tras una larga caminata, a lo largo de la cual apreciamos el esfuerzo de miles de voluntarios que nos proporcionaron agua y comida, mostrando un sentimiento de servicio y devoción admirable. La noche pasó entre cantos y conversaciones junto a todos los jóvenes que allí esperaban impacientes las palabras del Papa al día siguiente.

Comienza la misa a las 10, la más multitudinaria del mundo. Millones de jóvenes atendiendo a las palabras del Papa, como el Santo padre mismo dijo, millones de jóvenes capaces de cambiar el mundo. En momentos como esos, en los que te das cuenta de que eres parte de algo tan grande, es cuando verdaderamente se siente que Jesucristo se encuentra en todo el mundo. Al finalizar la Misa, nos fuimos camino de Austria, por paisajes cada cual más hermoso. Viena, la capital de la música clásica, cuna de compositores de la talla de Mozart, no hizo mas que sorprendernos, con sus increíbles monumentos. Un día después salimos hacia Venecia, con sus reconocibles canales, ciudad difícil de olvidar por la magia que impregna sus calles y aguas. Sólo nos quedaba la vuelta, mas de una jornada para llegar a Madrid. No compramos muchos souvenirs, pero algo si es seguro, cuando regresamos traíamos algo más.

Eduardo Molina Urdiales
Arquitectura


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