La Falla vuelve a casa

La Falla vuelve a casa

La Falla no defraudó en su regreso. Catorce metros recreaban el Empire State gracias a la unión y labor de los colegiales. La fiesta y la alegría inundaron Moncloa en una noche única reinada por las llamas y los fuegos artificiales.

La Falla volvió a arder en la Avenida de la Moncloa. El 18 de marzo, el Colegio se engalanó para uno de los momentos más importantes y singulares del curso: nuestra seña característica. La construcción imitaba el famoso edificio americano Empire State Building. La falla tenía una altura de catorce metros, de las más altas en años. Fuego y artificios pusieron la guinda a una larga e intensa preparación.

La fiesta comenzó ese día a las siete y media, cuando toda la familia de Moncloa recibió a Esmeralda Fernández, la Fallera Mayor, mujer de Daniel González Martín (antiguo decano del Colegio Mayor). Acto seguido, el pregonero Claudio Andrade pronunció unas profundas palabras que reflejaron a la perfección el espíritu fallero y colegial. Con ello, se dio paso a la cena, especialmente servida para esta ocasión única. Así se llegó a la esperada Cremà, a las nueve de la noche, en la zona del frontón. Los espectadores se colocaron en la calle, en el mismo frontón y en los puntos estratégicos del Colegio. La fallera encendió la traca que desembocaba en el edificio de madera y papel. Las llamas aparecieron y con ellas la emoción, así como la tensión propia por la incertidumbre de la caída. Pero todo salió bien cuando la falla se tendió hacia el hotel cinco sin ningún contratiempo. La alegría se mantuvo hasta el concierto, con la banda colegial Desalojo como protagonistas de la noche. Estuvieron acompañados por las actuaciones previas de los hermanos Arrien y de los primos Villaescusa.

La forma final que tomó la falla, el Empire State Building, fue decisión de los colegiales. Estos escogieron entre una serie de proyectos que ellos mismos habían presentado. Este año el plan era ambicioso: era una idea enorme y compleja plasmada sobre el papel, que tardó laboriosos días en llevarse a término. El duro trabajo de todos los colegiales permitió que fuera posible. El cansancio, la falta de tiempo o la presión son sensaciones típicas de estos días. Pero se consigue la mayor recompensa cuando las llamas consumen la obra que con tanto esfuerzo se pudo levantar. Es la felicidad por el resultado de la unión de la gran familia monclovita: es la falla.

       


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